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La Torre de Zoltainer(.com)

Un blog de Rol

La mayoría de los jugadores no les dan mucha importancia al transfondo de sus personajes. Escriben cinco lineas y ya están listos para salir. El crear un transfondo interesante para tu personaje puede añadir mucha riqueza a la aventura. Aquí teneis el ejemplo de Bronfenbremmer, un mago de nivel 7 creado por Zoltainer. También puede ayudaros a los masters para obtener ideas para PNJs de vuestras campañas.

Transfondo de Bronfembremmer:

1-Infancia:

Nací el 10 del sexto mes del año 1348, en Ordulin, la capital del reino de Sembia, una bella ciudad de calles radiales, ordenada, práctica y sede de la Casa de la Moneda sembiana. Debido a esto Ordulin es mejor sitio para vivir que las antiguas y orgullosas Selgaunt y Saerloon. pero la verdad es que en Ordulin, como en el resto de Sembia, quien realmente manda es el dinero. A menudo ese dinero es proporcionado por entidades oscuras. Como por ejemplo los Zhentilar, que, literalmente, infestan Ordulin y sus alrededores. Puedo asegurarte que lo se de primera mano. Pero eso llegará más tarde.
Mi familia, los Valleantiguo, son una dinastía de destiladores, iniciada hará ya casi más de 100 años por mi bisabuelo. Nuestros licores de grano, de frutas y de hierbas son muy apreciados en Sembia, Cormyr y los Valles, llegando a exportarse incluso al Alcázar Zhentil y a Puerta del Oeste. Ésto me trae a la mente una anécdota sobre el comercio de Sembia, y lo hábiles que pueden llegar a ser sus comerciantes. Nuestras caravanas, aunque son muy apreciadas como botín, casi nunca son atacadas en Sembia, Cormyr y los Valles (tan sólo lo son por bandas itinerantes de bandidbronfenbremmer 2os, ignorantes palurdos provenientes de las Tierras Occidentales o del Mar de la Luna). El mérito se lo lleva mi querido (QED) abuelo paterno, Brankelfaner. Instauró una tradición, hará sus buenos 60 años, según la cual se contactaba con las partidas de bandidos que solían actuar en la ruta a tomar y se les ofrecía un tributo en forma de unas barricas de licor. Casi nunca había problemas. Con el tiempo los bandidos incluso llegaron a pagar esas barricas (siembre a mitad de precio. Aún así bastante por encima del precio de elaboración), ya que muchos líderes bandidos las usaban como parte de la disciplina en sus bandas (un buen trabajo chicos. A disfrutarlo. Abrid un barril camaradas). Con ello nos hemos vuelto tremendamente populares y hemos fabricado algunos líderes bandidos tremendamente sibaritas. De hecho uno de nuestros últimos probadores fue en sus tiempos Krondal el Infame, con 115 muertes confirmadas en su haber. Pero tiene un paladar tan fino que no sólo podría decirnos las diferencias entre tres pruebas del mismo licor, sino quién de la familia lo había elaborado. Como apunte final he de decir que dada la “confianza” que tenemos con los bandidos a veces nuestras caravanas han pasado de tapadillo objetos y personas valiosos… a un módico precio, claro está.
Y en este ambiente crecí yo. Los hombres de mi familia, casi habría que decir clan debido a lo extensa que es, encargándose de las caravanas y de los negocios de fuera, y las mujeres de los negocios locales y de que los hombres no nos metiéramos en demasiados líos. Y por supuesto todos destilando los famosos licores Valleantiguo. Así pues fui educado, como todos en la familia, en el largo, delicado, pero siempre fructuoso, arte de la destilación. Desde mi más temprana edad di muestras de extraordinaria habilidad. A los dos años ya sabía lo suficiente de matemáticas como para echar una mano en la contabilidad del negocio. A los 3 sabía leer perfectamente. a los 6 elaboré mi primera receta de licor de hierbas. Era lo que se puede llamar un niño prodigio.


Pero este ambiente idílico no duraría. Según iba creciendo me daba cuenta de mis aptitudes como posible mago. Intuía cosas que los demás ni siquiera imaginaban. Tenía facilidad de aprendizaje y una curiosidad inmensa. Sentía el deseo de cambiar las cosas de un plumazo. Creía que para ser mago se necesitaba sólo una gran inteligencia y una cierta destreza manual. Pero me faltaba algo más, fundamental para los estudiantes de lo arcano: el autocontrol. y su falta es algo que me acabaría perdiendo, como ya se verá.

2.- Adolescencia.

Plenamente entrado en la adolescencia, mis esfuerzos por convertirme en mago quedaron frustrados principalmente por la incomprensión de mi familia. Aunque en ella hubo luchadores de todo tipo, ladrones (mi abuela materna Inga lo niega, alegando que aprendió sus… peculiares habilidades a fin de proteger nuestras cajas de seguridad. Su esposo, mi abuelo Brastemfilem sonríe y murmura algo sobre desproteger las ajenas. Inga, que posee un magnífico oído entonces le mira fulminantemente, pero no dice nada. A fin de cuentas él la enseñó todo lo que sabe) e incluso algún clérigo, como mi querido y piadoso tío Breckenfralem, un devoto siervo de Chauntea, nunca hubo magos. Mis padres, seguramente llevados por rumores exagerados sobre la peligrosidad de la profesión (ahora se que esos rumores no son ni la mitad de jodidos que la realidad), decidieron que me dedicaría a otra cosa. Y yo tuve que tragar amargamente.
Como suele suceder a esta edad acabé juntándome con malas compañías. En concreto con una panda de gamberros que paseaban por los barrios bajos buscando víctimas a las que atormentar, por los altos ventanas que romper y por los medios sitios donde vaguear. Yo cumplía en este atajo de villanos las funciones de proveedor de alcohol y cerebro del jefe.
Y así transcurrió un año más de mi vida, entre gamberros, palizas y noches en la cárcel. Hasta que conocí a Gralmor el Joven, un semielfo al que mis compinches y yo teníamos por un bribón que a veces nos apoyaba en nuestras gamberradas y nosotros a él en sus hurtos. Lo que no sabíamos, pero que yo averigüé más tarde, es que Gralmor era un agente reclutador de los Zhentarim. Y que yo era su presa. Una noche él estaba en plena faena, mientras nuestra banda le ofrecía cobertura y vigilancia, cuando algo salió mal. Dos escuadars de la guardia apoyadas por sacerdotes y hechiceros novicios entraron por ambos lados de la calle. Comenzaron a detener y a perseguir a los miembros de la banda y entraron a la casa donde Gralmor trabajaba. Conseguí refugiarme en un callejon lateral antes de que la guardia me viera. Pero sólo era cuestión de tiempo el que me pillaran. En esto alguien me dió un toque en la espalda. Me giré aterrado pero allí no había nadie. bronfenbremmerSin embargo Gralmor me habló delante de mí. Me dijo que estaba invisible por un conjuro. El mismo conjuro que debía lanzarme a mí. De esta manera averigüé que Gralmor el Ladrón también era un hechicero. Y este fue mi primer contacto con la magia aplicada. Ni decir tiene que conseguimos escapar. Días más tarde me pregunté como es que la operación estaba tan bien conjuntada y cómo es que no volví a ver a mis compañeros. Descubrí la respuesta algunos años más tarde, de la forma que más tarde explicaré.

Tras un par de tendays, en los que las cosas se calmaron, Gralmor fue a verme y me ofreció ser su aprendiz. Había visto potencial en mí y creía que estaba desperdiciándome en los negocios familiares y en la calle. ¡Ah, que bien me había calado el muy cabrón!. Inmediatamente le respodi afirmativamnete. cuando más tarde me miré en un espejo ví en mis ojos el brillo del ansia de conocimientos y de poder… y algo definitivamente más oscuro tras este brillo. Ese algo no me preocupó. Ya había tomado una decisión. Durante dos años trabajé con Gralmor y aprendí hechizos muy útiles para el latrocinio. Me formé a mí mismo como un mago con grandes capacidades para alterar tanto mi ambiente como a mí mismo: un transmutador. En ese tiempo hice una amplia red de contactos en los bajos fondos y conocí al superior del semielfo en la jerarquía Zhentarim: Laks Zemlam, un verdadero hechicero. El fin de esta época de robos y misiones simples (mensajeros, algún asesinato menor, etc.) lo supuso el descubrimiento de la verdad sobre el día en que Gralmor se me reveló como mago.

3.- Frember la Mano Negra.

Un día, revolviendo entre papeles, encontré un antiguo diario-libro de contabilidad de Gralmor. En él se explicaba que seguía a bandas de delincuentes callejeros, como la mía en otros tiempos, de las cuales seleccionaba a los elementos más sobresalientes para la red negra, y al resto les tendía una emboscada con ayuda de unos cuandos guardias sobornados. Estos chicos desaparecían de las cárceles sembianas para reaparecer luego en el Alcázar Zhentil. Como esclavos. Calculé el número de “esclavos” vendidos según las comisiones que cobraba Gralmor: unos 200 en diez años. Cerré el diario con una mirada pensativa.
Dos días después Gralmor y yo fuimos a hacer un trabajito en una casa de cierta riqueza. Como siempre Gralmor se adelantó y empezó a trepar por la pared. Llegó al segundo piso y, antes de que se afianzara, una flecha ácida golpeó sus manos. Un conjuro que se suponía que yo no tendría que haber aprendido. Gralmor cayó dando un alarido y se estrelló brutalmente contra el suelo. No murió instantáneamente. Me quedé observando sus estertores y sus desesperadas y mudas súplicas de ayuda. Hasta que ambos cesaron. Definitivamente. Acto seguido me hice invisible y lo dejé atrás. Al fin la guardia tendría al ladrón que tanto había buscado.
Ahora diríais: “Enhorabuena, Bronfenbremmer. Mataste a un Zhentilar para evitar el comercio de esclavos”. Y yo me reiría de vuestra ingenuidad. La misma noche del asesinato de Gralmor fui a ver a Zemlam y le dije que Gralmor había “tropezado con una desagradable trampa mágica”, que había muerto y que yo, en calidad de su aprendiz, reclamaba sus posesiones… y su puesto en la red negra. Laks, con una sonrisa de complicidad en los labios legitimó mi requerimiento ante los demás agentes organizadores. Después de todo, fue él quien me enseño el conjuro de Flecha Ácida. Así que ya lo veis: no fue para evitar que mis compatriotas fueran vendidos por lo que maté a Gralmor, sino porque su muerte me garantizaría un ascenso en los Zhentarim.
Una vez en posesión de los conjuros, refugios y contactos de Gralmor, me dediqué a reorganizar su zona. Yo no vendería pandillas callejeras como esclavos. Los usaría como fuerza de choque para un nuevo proyecto, cuyo nombre sería extorsión y sus apellidos dinero y miedo. Así pues me dedique a amenazar a buena parte de los mercaderes de Ordulin. Mi fama y riquezas empezaron a incrementarse. Llegué a tener a una docena de bandas callejeras a mis órdenes, a los jefes de dos grupos de bandidos de fuera de la ciudad en mi nómina y una extensa red de contactos por toda Sembia me mantenía informado. De hecho me hice tan popular que Laks pensó en “jubilarme” antes de convertirme en una amenaza para su escalafón. Pero le resultaba demasiado lucrativo. Así que en lugar de una prejubilación me envió un guardaespaldas-espía: Tresk, un brutal semiogro. Con esta adición a mi equipo me hice aún más popular, o impopular, según se mire.

Os preguntaréis ¿y mi familia no reaccionó?. La respuesta es no, porque no sabían nada. Creían que yo me había escapado a Selgaunt a estudiar magia por mi cuenta. En Ordulin me hacía llamar Frember, la Mano Negra. También se me conocía por la Muerte Púrpura (o el Gusano Púrpura según quien y donde se hablara de mí), ya que solía vestir una túnica púrpura con un guante de cuero negro en mi mano izquierda, en cuyo dorso se encontraba la marca de la Red Negra. Mis métodos de trabajo eran sencillos: con los comerciantes de pequeña empresa usaba el método de protección o accidente con mis bandas callejeras. Con los más poderosos utilizaba el chantaje (usando mis contactos en los prostíbulos), la amenaza a seres queridos y espías e informadores en cada casa. Y si las amenazas no podían (o no querían) surtir efecto se pasaba al asalto a las caravanas fuera de la ciudad y, en casos extremos, a la ejecución del resistente mercader, habitualmente como lección para los demás. Yo sólo intervenía en los casos más difíciles, o cuando tenía que dar una de esas lecciones ejemplares. Evidentemente nunca me metía con algo más grande de lo que pudiera morder. Que por cierto no había muchos así. Un ejemplo de mis actividades podría ser la vez que acabé con Lars Vientodelvalle, un carismático comerciante que reunió a varios comerciantes menores y a algunas patrullas de la guardia para protegerse en una asociación. Me lo puso bastante difícil por aquel entonces… hasta que apareció electrocutado en su tienda sin que hubiera la más mínima señal de violencia, o de que alguien hubiera entrado o salido del lugar (un buen truco, la verdad). Luego, acompañado por Tresk me fui presentando uno por uno a los comerciantes de la asociación insinuando la posibilidad de sufrir el mismo accidente que Lars. Con eso y un par de buenas emboscadas a los guardias implicados (seguidos de un buen par de sobornos para evitar investigaciones) acabé con la asociación y con mis problemas. Otra pregunta que deberíais haceros es si nadie podría haberme reconocido. Y la respuesta a esa buena pregunta es un conjuro llamado Alterar el Yo. Ni siquiera Tresk, mi más íntimo allegado conocía mi verdadero aspecto (o sexo; he encarnado alguna que otra vez a alguna jovencita).
Y así paso otro año de mi vida. Sin embargo según iban pasando los meses, yo me iba sintiendo cada vez más hastiado de la situación: no avanzaba en el escalafón, mis tareas se habían vuelto rutinarias y mis conjuros sólo servían para protegerme o para matar, en su mayoría. En otras palabras, el pertenecer a los Zhentarim estaba destrozando mi creatividad… y mi alma. Fue en una de estas acciones rutinarias cuando una de mis bandas empezó a apalear a un viejo en la calle mientras yo les acompañaba a casa tras mi labor diaria de extorsión y miedo. Tomé la forma de un hombre fornido y (de acuerdo con los apaleadores) conseguí que huyeran, haciendome pasar por un buen samaritano. Con un poco de suerte el viejo me llevaría a su casa. Y allí lo mataría y le robaría muy tranquilamente. mi sorpresa fue grande cuando descubrí que se trataba de Delmir Losang, un viejo amigo de mi abuelo paterno. Así pues le ayudé a volver a su casa. Cuando llegamos me invitó a una copa para “recuperarse de las emociones”. Una vez sentados frente al fuego me dijo “muy bien Bronfy (un apodo de niño que odio mortalmente), ¿que tal si te quitas el disfraz?”. Yo estaba muy sorprendido y algo enfadado. Delmir tendría que morir, pues sabía quién era. Pero me venció la curiosidad y me despojé del disfraz. Entonces él me dijo “Tu familia te hacía en Selgaunt estudiando magia. ¿Has venido para visitarles?”. Yo le contesté que sí y que había llegado esa misma noche. Me preguntó si me encontraba bien en Selgaunt. Las pocas cartas que había escrito habían preocupado un poco a la familia por su vagueza y desconexión de la realidad. Yo le respondí que estaba muy embebido en mis estudios. Entonces él se levantó, dio media vuelta y mirando al fuego dijo: “Bien, Bronfy, ahora dime la verdad. ¿Te ha ido bien con la Red Negra?”. me incorporé alarmado mientras comenzaba un conjuro de Proyectil Mágico. Entonces Delmir me sorprendió recitando las primeras sílabas de un Cono de Frío. Me interrumpí y caí al sillón anodadado. Alguien con semejante capacidad de invocación mágica estaría seguramente protegido contra mis conjuros de bajo nivel. “Bueno, ¿nos hemos calmado?” me dijo con voz reposada. Yo asentí aturdido. De repente solté una carcajada y el anciano me miró como si hubiera enloquecido. Preguntó por qué me reía. Le dije que me había venido a la mente un refrán: “La curiosidad mató al gato”; pero en este caso lo había salvado. Delmir me miró desconcertado y luego se echó a reír. Esa noche noté que algo en mí cambiaba. Le expliqué a Delmir lo que había hecho y, aunque no le gustó precisamente, alabó el que yo hubiera acabado con el comercio de esclavos de Gralmor (aunque fuera al coste de incrementar la delincuencia juvenil). Lamentó la muerte de Lars Vientodelvalle (un buen hombre). Y discutiendo estos temas pasamos la noche.

4.- Rebelión.

Durante dos meses estuve visitando a Delmir y hablábamos de muchos asuntos. Entre ellos de la magia, claro. Para Tresk y mis allegados, yo estaba viéndome con cierta dama de mal ver. En este período me di cuenta de que mi inclinación hacia el mal sólo era fruto de la incomprensión familiar, de mi descontento juvenil, de una cierta ansia de poder (que aún bronfenbremmer 3hoy no he podido reprimir del todo) y de una malentendida lealtad. Me di cuenta de que ya no podía seguir en los Zhentarim. Pero tampoco podía irme por las malas. Desgraciadamente la Muerte Púrpura, la Mano Negra, gozaba de una gran fama (o infamia) en Ordulin. Se me creía que era un mago de increíble poder, un Lich, un hechicero de otro plano, etc. Había un montón de leyendas sobre mí. Y apenas media docena de personas sabían la verdad. Alguien con esta fama no podía desaparecer del mapa tranquilamente.
Delmir me presentó en ese tiempo a sus colegas de la Fundación Sarim, media docena de magos ancianos, a cada cual más poderoso que el anterior, que luchaban a su manera contra el dominio Zhentilar en Ordulin. Entre ellos y los agentes de los Arpistas de la ciudad planeamos un plan para derrocar, si no toda, al menos gran parte de la influencia de la Red Negra en la capital de Sembia.
Pero en esto que surgió un problema: Tresk. Durante estos dos meses había descuidado bastante mis tareas y el semiogro sospechaba. Cuando me avisó que había que hacer una expedición de castigo en contra de un mercader protestón, me di cuenta de esas sospechas. Entramos como de costumbre en la casa del tipo. Sin sorprenderme demasiado me advertí que Tresk ya había entrado antes de que yo me reuniera con él. En la habitación principal de la casa, una pareja joven yacía degollada en la cama. A los pies de ésta se encontraba una niña de 13 años apenas. Tresk me encaró y dijo que quería comprobar si aún tenía estómago para hacer el trabajo sucio de Laks. Entonces, con una sonrisa lasciva caminó hacia la pequeña. Y eso fue demasiado para mí. Antes de que se acercara demasiado le lancé unos proyectiles mágicos. Herido y sorprendido (pero no demasiado) se dio la vuelta y cargo contra mí. Me encontró agachado y pronunciando las últimas sílabas de un conjuro. Tresk, como tantos otros, había subestimado mi velocidad conjurando. Mientras gritaba de frustración, el chorro de llamas del Chamuscador de Aganazar le alcanzó de lleno en el pecho y lo lanzó por la ventana, ya muerto. Rápidamente saqué a la chica de la casa en llamas y sin perder un segundo, me dirigí a la casa familiar y se la entregué a mis padres, prometiéndoles que luego les daría cumplidas explicaciones. Acto seguido partí hacia la mansión de la Fundación Sarim, donde los magos y una veintena de agentes Arpistas esperaban. Fue una noche que los Zhentilar tardarán en olvidar. Perdieron tres cuartas partes de sus agentes, entre ellos los más poderosos. Uno de los primeros en caer fue Laks Zemlam. Yo personalmente purgué mi red de contactos en Ordulin de agentes enemigos.
A la mañana siguiente, cansado y hastiado de violencia, me dirigí a la casa familiar. Allí ante toda la familia expliqué, con pelos y señales, todo lo que había hecho hasta ahora. Al final les pedí perdón a todos. El perdón familiar fue unánime. Tras lloros y reconciliaciones, comenzó una fiesta como sólo los Valleantiguo saben montar, de esas que te dejan resaca durante una semana, al menos. Al día siguiente por la tarde entregué mi libro de conjuros a la Fundación y me agencié con uno que no tenía conjuros relativamente serios hasta un nivel alto. Lo combiné con algunos conjuros del antiguo y así resultó mi preciadísimo libro de conjuros. Acto seguido me dediqué a consolidar mi red de contactos, con el disfraz de la Mano Negra. Y esto disparó aún más mi fama (o infamia).

5.- Conclusión.

Durante los seis meses siguientes me dediqué a estudiar con los magos de la Fundación Sarim, fundación de la que ahora soy miembro, como atestigua el anillo que suello llevar, cuyo sello es un libro cerrado (rojo), atravesado por una flecha dorada sobre fondo blanco.
La chica que rescaté, Arine, fue adoptada por la familia, y ella adoptó sus malos hábitos, que incluyen el llamarme Bronfy (lo cual me enferma). Yo respondo llamándola Harina, lo cual desemboca en una batalla de ingeniosos insultos, que suelo perder. Es para mí como una hermanita pequeña y ella me adora. Es una apasionda de la historia antigua de Sembia y con el tiempo es posible que se convierta en una sabia reconocida… si no le da por ahí y se lanza a la aventura en busca de las ruinas que las antiguas ciudades-estado de lo que ahora llamamos Sembia dejaron tras de sí. También es una romántica empedernida y gravemente enamoradiza. En definitiva es una muchacha de 15 años con mucha inteligencia y muy poco sentido común. Como lo habría sido yo sino me hubiera desviado por el mal camino.
El siguiente año lo pasé viajando en caravanas, llegando incluso hasta Puerta de Baldur y a Aguasprofundas. Comprobé que la costa de la espada podría ser un buen sitio donde vivir. pero ¿por qué querría vivir fuera de Sembia, tan lejos además de mi familia?. Teniendo todo resuelto con los Zhentarim, ¿por qué irse?. La razón evidente es que no todo está resuelto.
¿Te has preguntado alguna vez lo que significa ser famoso?. Yo no. Porque ya lo soy. Y no es una fama normal y corriente. Verás, por una parte Bronfrenbremmer es famoso. Pegó el primer empujón para el descalabro de la Red Negra en Ordulin. Colaboró y entregó a muchos agentes. Y muchos de los jóvenes agentes Arpistas que nos acompañaban agrandaron mi humilde aportación hasta límites insospechados. Con el resultado de que muchos en Sembia (un 10% probabilidades, 30 en Ordulin) me reconocería por la calle. Y eso a los Zhentarim les repatea. Profundamente. Mortalmente para mí. No son pocos los asesinos que me buscan en Sembia y los alrededores. Ni manca la recompensa que ofrecen por mi: 1.000 mo. El doble vivo. Pero no mucho. Por el otro lado a la Mano Negra le ocurre lo mismo pero de signo opuesto. Los jóvenes agentes magos Zhentilar intentan emularme (pero no muy de cerca, pues solía ejecutar dolorosamente y durante mucho tiempo a los que intentaban imitarme. La razón por la que la Muerte Púrpura era reconocida por todos, pese a sus cambios de aspecto es porque nadie más se atrevía, ni se atreve, a ser la Muerte Púrpura). En cambio los Arpistas me quieren mucho. 1.000 mo muerto y 2.000 vivo. Pero no mucho. Para que luego digan que Arpistas y Zhentilar están en bandos diferentes. Esta dualidad me plantea ciertos problemas. Aparte de los intentos de asesinato y demás, Bronfenbremmer tiene unos contactos amplios a través de herbolarios y comerciantes en Ordulin. Y la Mano Negra posee otra extensa red de contactos en Ordulin también, pero en los bajos (y no tan bajos) fondos. Lo que hace que de una manera u otra me entere en pocas horas de los acontecimientos de Ordulin. Y en pocos días de los de Sembia. Por si fuera poco por mi familia poseo amplios contactos en los bandidos de toda Sembia y parte de Cormyr y los Valles. ¿Y eso es un problema?, diréis. Pues si, por que el uso de esta extensa red de contactos implica que algún bando inicie la cacería del mago. De este mago que escribe. Y no apetece nada. Por eso quiero irme a vivir a unos cuantos cientos de kilómetros de allí. Un apunte: salvo mi familia y la Fundación nadie más sabe que Bronfenbremmer y la Mano Negra son la misma persona. Afortunadamente.
Por lo demás sólo queda decir que, aunque los malos tiempos quedaron atrás, una de mis mudas de ropa en mi mochila es una túnica púrpura que está enrollada alrededor de un guante de cuero negro con el símbolo de los Zhentilar pintado en él. Por si acaso.

2 Responses to “Ejemplo de transfondo para un personaje jugador: Bronfenbremmer”

    ¡¡MALDITO MAGO!! Ya sabía yo que había algo malo en tí grrrr Incauta de mí dejandote todo mis fondos para crear una tabernucha.. ¡¡qué sepas que cuando salga del pozo de donde estoy vas a los tribunales por apropiación de tesoro sin consentimiento!! . O pruebas el filo de mis espaditas.. tu eliges..y nada de truquitos que me los conozco todos..

    Yo soy el tribunal, asi que ya estais haciendo las paces, porque de lo contrario dais todos con vuestro culo en una celda y os pudris alli el resto de vuestras vidas!!!El que avisa no es traidor….

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