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La Torre de Zoltainer(.com)

Un blog de Rol

Tengo grandes recuerdos de esta campaña. Fue la primera que dirigí al AD&D Segunda Edición. En principio es una historia influenciada grandemente por la idea de Moorcock y su idea del Multiuniverso en la que las ideas propias se aderezaban con las aventuras sacadas de la primera edición en español de la revista Dragón. Ahora aquí la tenéis para vuestro disfrute. Pasadlo tan bien leyéndola como nosotros jugando esas interminables tardes de verano.

Introducción.

PUÃ?OROJO IA.jpgSon malos tiempos para el pacífico reino de Shaundar. Enclavado en el sureste del continente de la Grieta Negra, este reino es parte de una confederación de pequeños países, protegidos de las ambiciones del Imperio de Asterkán por las Montañas Divisorias. Sin embargo un infame humano que se hace llamar Laurg el “Puño Rojo”, reunió una ingente cantidad de goblinoides y se lanzó a la conquista de Shaundar, atacando desde las Montañas Divisorias y, con la ayuda de piratas y criaturas malignas del mar, por la costa sur del reino. En dos semanas destrozó a los pequeños ejércitos del reino, dejando como único foco de resistencia a la capital, Shaundarin. Y es aquí donde empieza la historia…

Capítulo I: El paso de Henraik.

Waldo corría por las calles de Shaundarin mientras los proyectiles de las catapultas y de las balistas bombardeaban la ciudad. Detrás de él otro hombre le seguía. Waldo era un humano alto, fuerte y ágil, aunque de feo aspecto. Lanzó un juramento mientras cogía a su compañero y ambos se cubrían bajo un portal: una andanada de piedras cayó sobre la calle, barriéndola de todo rastro de vida. “En mala hora robé aquel rubí” pensaba, mientras observaba a su compañero, Velar de Shaundarin, toser y recomponerse. Velar era un semielfo de rubios cabellos y bastante alto. A pesar de su noble cuna, pues era hijo de los Duques de Shaundarin y primo de la princesa del reino, ahora vestía unas vestiduras humildes, parecidas a las de Waldo. A Velar le encantaba la música, y era uno de las pocas artes que podía practicar, pues la venda que llevaba sobre sus ojos le definía como invidente. Una vez pasado el peligro Waldo salió de su escondite arrastrando a un quejoso Velar, que protestaba por su brusquedad. Acto seguido se dirigió hacia uno de los callejones laterales que conducía hasta la muralla.

PUÃ?OROJO IB.jpegWaldo recordaba la noche fatídica en la que robó el rubí al Duque de Shaundarin. A las pocas horas de hacerlo le habían capturado. El Duque accedió en dejarle en libertad, siempre y cuando actuara como soplón en los barrios bajos. Pocos días después la ciudad estaba bajo asedio. Waldo descubrió una salida secreta de la ciudad a través de las alcantarillas. Se disponía a largarse cuando la guardia personal del Duque le pasó el “mensaje” de que éste quería verle. El trato era sencillo. Tenía que llevar a su hijo Velar fuera de la ciudad, hasta un punto en los límites del Bosque de Alarian, al norte, que marcaba la frontera entre Shaundar y Jherkarel, donde le esperaba un guardaespaldas que le pondría a salvo. A cambio el Duque olvidaría su “deuda”.

Cuatro días después de salir de la ciudad, Waldo y Velar llegaron a los límites del Bosque de Alarian. El ladrón desconfiaba bastante de estos parajes, pues se decía que magos y criaturas sobrenaturales convivían con los elfos en la espesura. En esto que unos arbustos se movieron y una aparición sobrenatural hizo acto de presencia ante la pareja. Se trataba de una elfa de poco más de metro y medio de altura, pero de gran belleza. Su largo pelo rubio brillaba como el oro y sus ojos azules contemplaron pensativamente a Waldo y a Velar. Llevaba un arco largo, varios palmos más altos que ella. Tras ella apareció su antítesis: un centauro. De más de dos metros de alto, el centauro parecía ser un sacerdote de Delderen, el dios de la Ley cuya esfera de influencia es la guerra. Éste llevaba una espada atada a su espalda y un arcabuz de mano, con el que, si bien no apuntaba a la pareja, tampoco apuntaba a otro sitio en concreto. Waldo carraspeó, se adelantó y dijo:

“Supongo que sois los guardaespaldas de Velar”.
“Supones bien”
- contestó la elfa. “Soy Jane Thana, y mi compañero es el Padre Rufiki” (me cago en tus muelas Lolo).

Tras las presentaciones dedicaron un corto periodo de tiempo en hacer los planes adecuados para sacar a Velar del reino. Por consejo de éste se suprimió el refugiarse en el Bosque de Alarian, pues parecía el objetivo más claro del Puño Rojo tras la conquista de Shaundar, por lo que acordaron dirigirse al Imperio de Asterkán, atravesando la retaguardia del enemigo: las Montañas Divisorias.

Dos semanas después los compañeros se encontraban a menos de un kilómetro del paso de Henraik. A lo largo del camino se habían ido encontrando con campesinos huidos y ahora formaban un grupo de 70 refugiados, ellos mismos y Knup, un enano guerrero de Edarink, una fortaleza enana en las Montañas Divisorias. Knup era parte de una escolta que viajaba con unos diplomáticos enanos hacia Shaundarin. Atacados por fuerzas del Puño Rojo, todos fueron exterminados, salvo él. Ahora había hecho el PRELUDIO IC.jpgjuramento de matar a 100 orcos, o su equivalente, para vengar a sus compañeros. Casualmente se encontró con los refugiados y, al reconocer el anillo del Duque de Shaundarin en los dedos de Velar se unió a ellos. Atardecía y decidieron acampar en una hondonada, para al día siguiente atravesar el paso. Sin embargo las cosas no iban a ser tan fáciles. Nada más acomodarse fueron atacados por una horda de orcos, goblins, hobgoblins, gnolls, ogros, orogs y mercenarios humanos: un total de 60 malvadas criaturas sedientas de sangre. Los refugiados apenas tendrían dos docenas de hombres capaces de luchar, pero la aportación de los cinco compañeros fue decisiva. Con grandes pérdidas lograron rechazar a los secuaces del Puño Rojo (o quizá fue porque a Velar, el ciego, se le ocurrió coger un arcabuz y usarlo… es algo que da escalofríos). Al acabar la batalla apenas quedaba ningún hombre en edad de luchar y los goblinoides podían volver. Así que los cinco héroes guiaron a los refugiados hacia el paso, con la intención de atravesarlo por la noche.

Ya anochecido encontraron un antiguo puesto de guardia, medio sepultado por un corrimiento de tierras. Juzgando que era un buen sitio donde pasar la noche se alojaron en él. A este puesto sólo se podía acceder por los anchos canalones del desagüe, por donde incluso el centauro cabía. Probablemente también se usaban para echar aceite hirviendo y lindezas similares. Una vez pasados los canalones estaba el patio de armas, y poco más allá un edificio medio sepultado, donde pasarían la noche. Desgraciadamente la fortaleza ya estaba ocupada por unas cuantas alimañas y una pequeña tribu de kobolds. Nada que los cinco compañeros no pudieran resolver. Padre Rufiki “adoptó” a dos crías kobold para adiestrarlas en el futuro. Una vez resuelto el problema de los inquilinos molestos se dispusieron a descansar.

Avanzada la madrugada Knup, que estaba de guardia, despertó al resto del grupo, alegando que había oído ruido de voces por el cañón. Rápidamente se aprestaron para la defensa. Sin embargo no había nada que temer, pues era otro grupo de refugiados conducidos por un guardabosques elfo, conocido de Jane, y un gnomo. El elfo decía llamarse Brau Gutiérrez (¡oh, no!, la saga de los Gutiérrez me persigue hasta aquí), tenia la estatura media de la raza (más o menos metro y medio), pero como se vería más tarde una enorme fuerza. Nada más ver al enano saltaron chispas, preludio de una amistosa (?) competencia a la hora de destruir a las criaturas del mal (o a cualquiera que se prestara a ello. ¿Dónde habré visto una situación semejante?). El gnomo se llamaba Kleiner “el Bajo”, pues media más o menos un metro de altura. Poco después de amanecer cruzaron el paso, y con ello la frontera, poniéndose a salvo de las garras del repugnante ejército del Puño Rojo.Una vez dejados los refugiados en una pequeña ciudad fronteriza, los PUÃ?OROJO ID.jpgcompañeros decidieron trazar su siguiente movimiento frente a unas jarras de cerveza (agua para los más delicados). Una vez traspasada la frontera ni Jane ni Waldo tenían por qué seguir a las órdenes de Velar. Rufiki se había unido a la aventura por Jane, o sea que donde fuera ella iría él. Knup estaba deseando volver a su hogar a llevar las últimas noticias a su Thane. Ni Brau ni Kleiner estaban en el ajo, por lo que no tenían mucho que decir. Velar quería volver al reino y organizar una resistencia, contando con la ayuda de los enanos de las Divisorias y con los elfos de Alarian. Al final se decidió volver al reino de Shaundar para luchar por el bien la libertad y… ¡Qué cojones, volvieron por la experiencia que da eso de masacrar criaturas malvadas, y porque tampoco es que hubiera muchas opciones! Velar quería volver a Shaundar porque eso de estar vagabundeando por ahí es bueno, siempre que puedas volver a tu palacio a descansar. Jane, por que no tenía nada mejor que hacer y quería volver con su gente al Bosque de Alarian. Las razones de Knup y de P. Rufiki ya las he explicado. Y Brau volvió porque quería hacerse a la Jane, que no veas como estaba. Sin embargo ni Waldo ni Kleiner querían volver al reino y se quedaron con los refugiados. Una vez echas las despedidas, la menguada compañía se adentró otra vez por el paso de Henraik.

Pero esta vez las fuerzas del Puño Rojo estaban prevenidas y, a eso del mediodía, el grupo sufrió una emboscada. Una docena de espantajos atacaron a los desprevenidos compañeros arrojándoles rocas, de tal manera que casi se cargan a Velar. La reacción fue fulminante, y unos minutos después los espantajos supervivientes se daban a la fuga, dejando paso a un jinete cabalgawyverns, fuerza de élite del Puño Rojo, humanos expertos en mil batallas (uséase de nivel alto) montados en wyverns. Éste aterrizó frente al grupo para dar guerra. Grave error. Al cabo de un rato el wyvern estaba muerto y el jinete era torturado por P. Rufiki (un experto en estos menesteres; no hay nada más que echar un vistazo a Gordo Terronillo). El jinete sobrevivió, pero se dejó la cara allí. Al atardecer habían llegado al antiguo puesto de guardia. De nuevo recibieron una desagradable sorpresa, pues la fortaleza había sido ocupada por una nutrida fuerza de orcos, orogs y ogros, apoyados por dos jinetes cabalgawyverns. La ensalada de ostias estaba servida. Mientras Brau, Knup, Velar y P. Rufiki tomaban al asalto la fortaleza con la brillante estrategia de entrar a saco y masacrar a todo el que se moviera, J. Thana cubría a sus compañeros con certeros disparos de su arco. La batalla fue cruenta y destructiva. Brau y Knup peleaban a ver quién mataba más enemigos. Velar se cubría con el centauro, éste convertido en una máquina de matar, usando conjuros, espada y herraduras con púas. En cierto lance, una de estas herraduras se desprendió a base de machacar cabezas de orcos y, rebotando de piedra en piedra fue a golpear a Jane, que estaba abajo, cubierta tras una roca. Una vez exterminada la morralla hicieron aparición los wyverns. Pero esta vez fueron más inteligentes y se mantuvieron en el aire. Bueno, hasta que Velar, haciendo gala de sus dotes mágicas, cegó a uno de ellos con un conjuro. El resultado fue un wyvern y su jinete tatuados en la ladera de la montaña. Nada agradable. El otro atacó enfurecido, pero Knup y Brau lo derribaron con sus espadas cuando pasaba, dejando al jinete bastante maltrecho. Velar y Rufiki lo noquearon. Al quitarle el casco vieron que se trataba de “Caracortada”. P. Rufiki sonreía mientras encendía una antorcha. Corramos un tupido velo.

2 Responses to “La campaña del Puño Rojo I”

    La verdad es que esa campaña es de las que les haces un hueco en el corazón.

    La pregunta es :¿tendrás huevos de colgar la crónica desde el punto donde lo dejaste y la retomé yo?

    La respuesta es: ¿Acaso no caga el Papa?

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