Capítulo 5: Nadurn Arn Áladan.
Dos semanas después el camino que seguían los aventureros les condujo hacia Sadtown (ver Dragón núm. 15). (NdM: Con la numeración de las revistas Dragón me refiero a la primera
edición que se hizo en castellano de esta publicación). P. Rufiki y Jane Thana se alegraron de este hecho, pues allí se había retirado un antiguo compañero de aventuras, Julián. Sin embargo la entrada al pueblo no pudo ser menos acogedora. La gente se retiraba a sus casas y cerraba las ventanas al verlos pasar. Cuando llegaron a la plaza del pueblo vieron a un puñado de campesinos que les impedía el paso. Uno de ellos, seguramente el alcalde, les exigió que se identificaran tras dar múltiples explicaciones, los aldeanos les invitaron a la taberna y les explicaron lo que pasaba: Julián, ahora el sheriff Julián, se había comprometido con Diana, una bella e inteligente mujer, hija de un rico granjero de la región. Sin embargo hace unas horas Diana había sido raptada por unos encapuchados, vestidos de negro y a caballo, y se la llevaron a un viejo castillo en ruinas, que se suponía maldito, a quince minutos del pueblo, o al menos llevaban esa dirección. Julián, que se encontraba de patrulla por las colinas en esos momentos, fue corriendo a rescatar a su prometida. Eso ocurrió hace cuatro horas (ya era noche cerrada) y aún no habían vuelto. El alcalde solicitó que fueran a investigar y, si era necesario, a rescatar a los enamorados. A cambio los héroes recibirían una compensación monetaria. Tras una apresurada, aunque sabrosa, cena, el grupo se puso en marcha para rescatar a su amigo y a su novia. No me voy a extender mucho en la narración. Baste decir que lograron rescatarlos, arrancándoselos de las manos de un/a malvado/a hechicero/a, que las pasaron putas para salir, y que fue allí donde J. Thana demostró sus increíbles dotes de mando (¡Ciego, dispara!). Al día siguiente los compañeros asistieron a la boda de Julián y Diana, poniéndose morados en el banquete. Cuatro días después partían de nuevo, camino de los puertos del oeste. (NdM: Dado que es posible que no tengáis esa revista, un par de detalles importantes son que Julián fue capturado y poliformado en una grotesca criatura, con las características de un hombre lobo, con el problema para los PJs de reconocerlo. El/la hechicero/a, era un ser mitad hombre, mitad mujer).
Pero no todo iba a ser un paseo de rositas. Dos días después de salir de la aldea fueron atacados por una quincena de orcos dirigidos por un ogr
o, en una de las cada vez más típicas emboscadas. Fue una masacre. Diez minutos después el único orco superviviente se ponía a salvo de las flechas de Thana. La inspección de los cadáveres, como siempre diligentemente llevada a cabo por el centauro y por Velar, reveló que eran sicarios del Puño Rojo. Esto inquietó al grupo. ¿Sabría Laurg dónde se dirigían y cuál era su misión? ¿Qué alcance tenía realmente la sombra del Puño Rojo? un mes después los Héroes de Shaundarin llegaron a la aldea de Fuente de Oro (ver Dragón núm. 1). Por lo visto los recibimientos alegres no existían en la zona. Una cúpula de tristeza y pesar planeaban sobre el pueblo. En la posada se enteraron de que Cynthia, la hija pequeña (apenas once años) del alcalde se encontraba a las puertas de la muerte, y ninguna poción o conjuro le restablecía la salud. Su única esperanza de curación venía del Templo de la Fuente de Oro y de su milagrosa agua curativa. Ante este comentario los aventureros aguzaron el oído. El templo, que da nombre a la aldea, fue destruido en épocas pasadas. Antes venían a él todo tipo de gentes y de razas a por su agua milagrosa. Las ruinas del templo se hallaban a una hora a pie de distancia. Cuatro aldeanos ya habían partido hacia allí hace tres días y no se sabía nada de ellos. Se temían lo peor. De todas maneras el alcalde había puesto una buena recompensa al que trajera el agua del templo. Los compañeros decidieron aceptar la misión. ¿Y si era el agua que estaban buscando? Rápidamente se pusieron en marcha. De nuevo no me extenderé en las peripecias del grupo. Tras bregar contra avispas gigantes y otras criaturas similares consiguieron el agua curativa. Desgraciadamente, aunque el agua sin duda era mágica, no se trataba del Agua de la Vida. Cuando iban a salir del templo se encontraron con nuevos soldados del Puño Rojo: mercenarios y exploradores humanos, ogros y orogs componían ahora la expedición. Antes de iniciar las hostilidades surgió una figura entre ellos. Se trataba de un alto ¿humano? Totalmente cubierto con una armadura completa de color negro, cuyo único toque de color era un puño rojo en el pectoral. Con un empujón hizo salir y arrodillarse al orco que sobrevivió al último enfrentamiento. Dijo entonces: “Vosotros debéis ser los Héroes de Shaundarin. Ved, así tratamos a los que fracasan en el servicio a nuestro glorioso líder –en ese momento cortó la cabeza del orco con un simple giro de su espada– y así tratamos a aquellos estúpidos que se nos oponen. ¡Matadlos!”. Dicho esto se cubrió tras sus hombres y estalló una reyerta generalizada. Al cabo de unos minutos, y viendo que las cosas no le iban bien, gritó la orden de retirada. Él fue el último en salir. Volviéndose al grupo les dijo: “Soy Nadurn Arn Áladan, servidor del Puño Rojo. Allá donde vayáis sentiréis mi aliento en vuestra nuca. Hoy habéis tenido suerte. Podéis eludir la muerte, pero no podéis escapar de mí”. Entonces salió. Debido a que los héroes tampoco estaban en plenitud de facultades los sicarios del Puño Rojo no fueron perseguidos. De vuelta a la aldea entregaron el agua. La niña se recuperó y se celebró una gran fiesta.
Seis meses después los compañeros llegaban a la cota oeste del continente. Embarcaron en una galera para que les dejara lo más cerca de la Puerta Dimensional. Compraron un bote a los marineros, pero como ninguno sabía manejarlo P. Rufiki convenció “amablemente” a un marinero para que se uniera a ellos. Su argumento: el arcabuz que siempre llevaba cargado. El bote se alejó del barco. A las tres millas un enorme estruendo sonó ante ellos. A unos treinta metros se abrió un gigantesco túnel de energía, que brillaba con todos los colores habidos y por haber, y sonaba como el mar en una violenta tormenta. Con casi cuarenta metros de alto el túnel empequeñecía brutalmente a los aventureros. Haciendo acopio de valor, el grupo hizo avanzar al bote. Con un rugido como el de un trueno, la Puerta se cerró tras ellos y el día quedó otra vez en calma. Ya no había vuelta atrás.
Y hasta aquí la primera parte de las aventuras del Puño Rojo. Pronto la segunda parte y, tras ella comienza la narración de Ramir Ruge-Alasr-Atas, un diario muy… personal. Por cierto, si no podéis conseguir las revistas Dragón en las que apoyo parte de la aventura sentíos libres, como siempre, de modificar, cambiar, improvisar y/o desechar lo que consideréis adecuado.
Rafa, si es necesario, te ayudo a “descifrar” la muy particular caligrafía de Ramir.
Left by Gablin on Agosto 11th, 2006